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Tribuna de Análisis

Fogoneros y proyecciones de su lucha

Fogoneros y proyecciones de su lucha

Ponencia para el Encuentro internacional “Proyecciones de la Lucha Revolucionaria
en América Latina”, organizado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez. Santiago de Chile, 27, 28 y 29 octubre de 2006
“A la empresa compatriotas! Que el triunfo es nuestro: vencer o morir sea nuestra cifra; y tiemblen esos tiranos de haber excitado vuestro enojo, sin advertir que los americanos del Sur, están dispuestos a defender su patria; y a morir antes con honor, que vivir con ignominia en afrentoso cautiverio”

(Proclama de Artigas a sus compatriotas, al iniciar su campaña, en Mercedes, el 11 de abril de 1811)Destellos de los que la CNN nos entera con mentiras y medias verdades bajo títulos como “Crisis en tal lado o tal otro”.Pasó ya el primer lustro de este siglo XXI y las tareas de la realización plena de la humanidad, la construcción de una sociedad libre, siguen esperando quien las encarne definitivamente.Tras el auge de la lucha de los pueblos en los 60s 70s y el relativo declive fines de los 80s y 90s del siglo pasado, los pueblos del mundo y América Latina en particular, vuelven a levantarse en destellos de lucidez y decisión de combate, a veces espasmódicos otras más sostenidos. Destellos de los que la CNN nos entera con mentiras y medias verdades bajo títulos como “Crisis en tal lado o tal otro”.Pero antes durante y después de la estridencia hay gente que lucha en forma permanente y decidida por construir la definitiva derrota a manos del pueblo del mayor enemigo de todo el genero humano: el imperialismo yanqui.En la convicción de que la total liberación será necesariamente continental, los muchos pueblos de nuestra Patria Grande comienzan a retejer lazos de solidaridad y transmisión de experiencias en los distintos niveles de organización que cada pueblo ha sabido darse.En esta tónica surge a instancias y bajo la responsabilidad de Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) de Chile el encuentro denominado “Proyecciones de la Lucha Revolucionaria en América Latina”Los FOGONEROS tenemos la responsabilidad y el honor de haber sido invitados a participar. El desafío es estar a la altura que las circunstancias exigen, para que la experiencia de lucha política por la liberación de pueblos hermanos redunde en el enriquecimiento y la calificación de la lucha del Pueblo Oriental, como una parte del gran Pueblo Latinoamericano. Con la convicción Artiguista y Guevarista que alienta nuestra lucha esperamos cumplir con nuestros compañeros del pueblo y con la historia.Para entrar ya en el tema al respecto del que se nos invita a pronunciarnos, vamos a empezar por las conclusiones para que la línea argumental muestre su lógica de desarrollo.Creemos firmemente que la situación que vive el continente, retorna al tapete del debate de las masas oprimidas dos cuestiones de vital importancia que recorren cada uno de los procesos en nuestras respectivas naciones. Esas cuestiones son el asunto del Poder y la “continentalidad” de la lucha. La convulsa y heterogénea coyuntura que presenta la lucha de clases en nuestra Patria Grande así lo está determinando. Y esto es decididamente positivo para el avance hacia su resolución. La cuestión está en cómo trabajamos quienes nos decimos revolucionarios desde las condiciones en las que nos encontramos para conseguir que cunda la convicción de que la transformación revolucionaria de la sociedad es posible y necesaria.Las dos cuestiones se presentan evidentes desde el ejemplo de la Cuba revolucionaria. Ejemplo dignificante para el continente entero, que muestra a la vez el alcance y las limitaciones de un proceso construido y sostenido a fuerza de convicción y moral revolucionaria de todo un pueblo. Un pueblo que a instancias de su vanguardia supo resolver con claridad la cuestión des poder para proyectar el desarrollo independiente de la patria. Pero a la vez, es un proceso en el cual podemos ver las limitaciones que se le impusieron, tras la caída del bloque socialista, al ser un solista disonante en el coro del continente. Afortunadamente esa situación de disonancia y aislamiento empezó a romperse con el advenimiento del proceso bolivariano en Venezuela.Así se demuestra con claridad meridiana la importancia de la noción de “continentalidad” para un proceso emancipatorio.De hecho, antes que la dimensión continental de la solidaridad popular, rasgos similares que han cobrado las formas de resistencia de los pueblos al modelo neoliberal expresan la similitud en la esencia de las características definitorias de nuestra vida socioeconómica y del suelo que pisamos en el continente. Un ejemplo claro son los masivos y combativos levantamientos populares que han depuesto uno tras otros presidentes neoliberales “democráticamente electos”. En Ecuador, en Bolivia, en Argentina etc la insurrección de decenas, cientos de miles y hasta de millones de hombres y mujeres rebelados contra la miseria y la opresión a la que se los somete lograron forzar un cambio formal de mandatario mientras se sostenía el poder de los de arriba, lo que se demuestra en la recurrencia a las mismas medidas antipatria, anti trabajadores, de los gobiernos subsiguientes a los levantamientos. Y la característica compartida que signó estos fenómenos fue la ausencia de una dirección revolucionaria unificada, un aparato de conducción de una ascendencia y confianza tal ganada entre las masas que le permitiera al pueblo atrincherarse tras él en un camino continuado para la instauración de un poder alternativo. Esto a pesar de la existencia y el peso alcanzado por varias organizaciones que luchan denodadamente por calificar cada avanzada popular. Algunos de esos procesos suponen un debate profundo y de alcance continental.La fuerza y la limitación de la espontaneidad de masas exhorta su propia superación, mostrando la necesidad del trabajo revolucionario. En cierta medida podemos decir que el proceso bolivariano de Venezuela es también hijo del “caracaso”, y es indiscutible que al menos su política exterior indudablemente antiimperialista y latinoamericanista, y su discurso socializante son un aliento para la subjetividad revolucionaria en todo el continente y podría decirse en el Tercer Mundo. Pero debemos ser cuidadosos de asumir experiencias muy particulares como si todos nuestros pueblos pudieran o debieran intentar recorrer los mismos caminos. Además, así mismo en Venezuela como en cualquier sociedad de clases a la hora de avanzar en transformaciones progresivas el conflicto de clases se hace patente en la forma de lucha por el poder político. Este es un problema que los venezolanos y todos los pueblos solidarios tendrán que resolver cuando la oligarquía y el imperialismo vuelvan a intentar franquearle el paso al pueblo trabajador en el camino hacia el futuro soberano y socialista.Por su parte el movimiento guerrillero que tiene su refugio más prolífero en Colombia, pero que también pervive y se manifiesta públicamente en múltiples rincones de nuestra Patria Grande (como por ejemplo México) y nos alumbra demostrando con el ejemplo la posibilidad y la necesidad de desarrollar un aparato armado y beligerante propio del pueblo. Allí, en Colombia, si existe un poder dual no simplemente potencial sino efectivo sobre porciones de territorio, esperando y generando las condiciones de la instalación del Poder del Pueblo organizado estatalmente como poder dominante en todo el país.Y por cierto que al ser abanderados de la mas decidida lucha por el poder para realmente transformar el destino del pueblo, de los trabajadores; al ser su ejemplo una luz que muestra en forma descarnada los limites que se imponen y pretenden imponerle al pueblo, quienes desde la ingenuidad o desde la politiquería acomodaticia proponen circunscribirse al camino de las instituciones y la legalidad que construye el enemigo... por ser todo eso, la izquierda “responsable” y ajironada ha intentado marginar a los movimientos guerrilleros de los espacios de debate y coordinación para construir una alternativa en el continente.Y es esa izquierda responsable otro de los paradigmas del proceso político y la conmoción en la subjetividad de clases que se vive en el continente. El discurso de los “cambios” y la alternativa a la derecha neoliberal a través de las elecciones está siendo en estos precisos momentos contrastados con la práctica de numerosos gobiernos que montados en las consignas y en la mística construidas durante décadas por la militancia obrera y popular, se están revelando como los mas eficaces defensores de los intereses del imperialismo y las oligarquías nativas. La estructuración organizativa del pueblo que antes servía para sintetizar cada lucha parcial o nacional en la estrategia electoral, ahora se pone al servicio del bombereo constante de los conflictos de clase o nacionales surgidos de las medidas gubernamentales de corte neoliberal antinacional y anti trabajador. En Chile, en Brasil y en nuestro Uruguay (entre otros) se pone ante los ojos del pueblo las inconsistencia de construcciones sin vocación de poder. De una lucha por el cambio desoyendo las enseñanzas de la historia acerca del poder, se pasó fácilmente al manejo de clientela política al servicio de los poderes ya instituidos; el poder del imperialismo y la oligarquía.Por todo esto creemos que vivimos en el continente un momento duro pero fermental para las fuerzas genuinamente transformadoras, las de intención revolucionaria.Como decíamos nuestro país se inscribe en esa categoría de los que están transitando el camino del uso de las propias instituciones del régimen para transformarlo.Sin embargo la Carta Intención firmada con el FMI parece ser el verdadero programa de gobierno que se confirma como profecía divina en las Medidas gubernamentales. Y se veía venir ante el lavado ideológico que se procesó en el Frente Amplio unos cuantos años antes de ganar las elecciones, como una condición de la vorágine de la juntadera de votos en la que se embarcó. Es significativo que antes que a Astori se le haya propuesto el ministerio de economía a Enrique Iglesias, el ex presidente del BID y de indiscutible signo neoliberal.En flagrante contradicción con el programa surgido de su último congreso, con el cual se salió a juntar votos, se abre el camino hacia un TLC con los yanquis mediante un tratado de liberalización denominado TIFA. Además se plantea una “Reforma del Estado” que se traduce en privatizaciones y flexibilización laboral, se otorgan beneficios al capital transnacional con un Tratado de Protección de Inversiones con los EEUU que supone la entrega casi absoluta de nuestra soberanía. El mentado “país productivo” se ha concretado como país productivo de plusvalor acumulado en el exterior y en país basurero de plantas de celulosa, en país desertizado por el monocultivo de eucaliptos.Se pagan por adelantado los vencimientos de la deuda externa. Persisten los salarios de hambre, se continua el flagelo del desempleo y subocupación, se perpetua el exilio económico con cada vez más contingentes de Orientales aplicando su fuerza de trabajo y viviendo sus vidas lejos de la patria.Se implementa una política exterior cipaya con el envío de tropas a Haití y el Congo, la participación en maniobras militares conjuntas con las FFAA de yanquis, a la vez que se le hacen los mandados diplomáticos.La única medida que podría denominarse popular es el llamado “plan de emergencia” que intenta ser un paliativo a la miseria como el brasilero “hambre cero”, y que se inscriben en la lógica de planes asistencialistas que promueven el BID o el BM. Pero a parte suponen una práctica clientelista. Mientras tanto se intenta mediar entre las gremiales patronales y los asalariados siendo “equilibrados”.Se jactan públicamente además, de hacer todo aquello que los partidos tradicionales no pudieron por la resistencia popular.A nosotros nos sorprende la celeridad y el descaro con que llevan a delante estas medidas, pero es explicable porque persigue hacer uso del consenso inicial de un gobierno recién electo, y porque pretenden actuar antes de las elecciones venideras.Pero por otro lado en el imaginario popular el Frente significa una alternativa de cambio construido desde la base en 35 años de historia, que hereda la lucha delos 70 pero que “tiene los pies en la tierra”, y que se presenta hoy a los ojos de la gente, muy a nuestro pesar, como la única opción política de cambio a nivel nacional y que además van en el mismo sentido de los “cambios” en la región.Aún así lentamente hay partes del pueblo que empiezan a desencantarse, y de estos son una minoría los que buscan una formación política distinta donde volcar sus esfuerzos y anhelos de cambio.Este paulatino desencanto que se da sobre todo en sectores militantes. Y abre nuevas posibilidades a las organizaciones que luchan por la revolución.Las condiciones de las que partimos son de una relativa orfandad del proyecto revolucionario. Con la salvedad de honrosas excepciones que nos han brindado las generaciones de los 60s y 70s y de la resistencia a la dictadura, los antiguos revolucionarios se han pasado con armas y bagajes a las tiendas enemigas de la gestión de los intereses del imperialismo. En ese clima surgen nuevas expresiones del pueblo organizado para revolucionar su forma de vida (entre las que nos gusta contarnos) y también se reavivan, cobran nuevos bríos, las que se han mantenido consecuentes contra el viento y la marea del retroceso de la década de los 90s.Los problemas de los revolucionarios orientales en la actualidad pasan por definir y asumir una estrategia que contemple la potencialidad de las masas, y las tareas inmediatas atendiendo a su pasividad actual. Nuestra misión no es ni manejar clientela política diciéndole a la gente lo que quiere oír, ni ser la expresión de la posición correcta en cada circunstancia, sosteniéndonos al margen del sentir popular y la vida nacional. Ser minoría es una circunstancia que no nos regocija pero que tenemos que revertir cuidando no transar los principios y objetivos que dan razón de ser a nuestra lucha. Con aciertos y errores nuestra organización se encuentra en ese camino.Se trata para nosotros de construir una referencia de resistencia. Hacer ver que no todo es entrega, planteando en el imaginario nacional la existencia de una trinchera para la lucha asumida con seriedad. Preparar un continente organizativo que el pueblo pueda sentir como propio y nos permita dar cauce orgánico y combativo a la disconformidad. Para esto otra tarea prioritaria es combatir fraternal pero decididamente los vicios del movimiento espontáneo, reivindicando la lucha política. Pero a la vez empaparnos de todas las virtudes del pueblo, hacerlas cada vez más nuestras. Lograr una comunicación fluida entres quienes se han resuelto por la lucha política encuadrada y el resto del pueblo, para que ambos elementos puedan avanzar en la constitución del sujeto político y el sujeto social revolucionario.Este va a ser un camino empedrado de alegrías y realizaciones gratificantes pero también de duros momentos. Lo tenemos claro y es particularmente visible ante la coyuntura que vivimos, dado que desde hace algún tiempo las miras de la calumnia en manos de los defensores de este régimen injusto, apuntan a quienes persistimos en la pelea contra el imperialismo y los oligarcas. Con la persecución mediática preparan lo que seguramente será un golpe a nuestra organización así como otras organizaciones del pueblo. Y nos vamos a permitir aquí dedicar un renglón para hacer un llamado a nuestros compañeros de todo el mundo para mantenerse alerta ante el desenlace de todo esto. Contamos con su solidaridad, y en particular con los hombres y mujeres de nuestra Patria Grande que sienten el ataque a cualquier expresión de nuestros pueblos como en carne propia.En el corto tiempo de vida de nuestra organización los FOGONEROS hemos intentado cumplir, en la medida de nuestras posibilidades, con ese deber que prescribe nuestro sentir latinoamericanista e internacionalista.Y no podía ser de otra manera. Vemos la solidaridad entre los pueblos de América como crucial, entre otras razones porque es para nuestro Uruguay un asunto particularmente importante el de la continentalidad de la lucha, por una cuestión de nuestras dimensiones geográficas demográficas y económicas que establecen que ni un niño aspire o pueda imaginar la construcción de algo así como una autarquía en nuestro país. Nuestra liberación está necesariamente atada a un proceso al menos regional y seguramente continental en última instancia. Y creemos es una situación compartida por todos nuestros países.Entonces es de vital importancia para cualquiera que pretenda contribuir a una transformación, reformadora o revolucionaria, trabajar por el reconocimiento de una identidad latinoamericana que nos permita como pueblos definir más fácilmente a nuestros hermanos y también a los enemigos. Esto implica además recobrar para nuestro pueblo trabajador lo más rico del legado histórico de las luchas libertadoras de nuestra América.Y el reconocimiento de la identidad latinoamericana implica para nosotros, además de facilitar el intercambio cultural y de distintas expresiones de lo popular, el trabajo de difusión en el rango continental de cada una de nuestras luchas. La instalación, allí donde sea posible, de las movilizaciones de solidaridad internacional como algo común, cotidiano.Se trata en otro nivel de instalar una mística compartida en nuestra militancia, hacer de nuestras organizaciones escuelas de latinoamericanismo. Necesitamos tender lazos de solidaridad efectiva y de intercambio de experiencias de nuestro trabajo social y político.En el avance de los compromisos surgirá como una necesidad perfilar una estrategia continental que deberá integrar necesariamente las estrategias nacionales para evitar la superposición de la primera en detrimento de la consolidación de las segundas, obstaculizando su desarrollo. Esto implica la consideración de las particularidades coyunturales de cada nación latinoamericana. Es imprescindible no desatender las condiciones particulares, nacionales, por enfatizar la estrategia continental, lo cual implica la flexibilidad en sus lineamientos.La estrategia deberá concebirse desde quienes concretamente han asumido la lucha, tanto en lo discursivo como en lo práctico de manera de brindarle el sustento más sólido posible para encarnar los compromisos asumidos.Estas son más o menos las reflexiones que nos merecen la propuesta del encuentro.

Pero ante todo nuestra principal misión aquí es aprender de las experiencias que los compañeros han recogido en el trayecto de su lucha, que es también la nuestra.Les quedamos profundamente agradecidos al Frente Patriótico Manuel Rodríguez y a todos los compañeros por hacernos partícipes de esta instancia importantísima para el alumbramiento de una Patria Grande libre del yugo imperialista y libre de todo yugo social.¡SALUD COMPAÑEROS!

¡POR LA UNIDAD DE LOS PUEBLOS CONTRA EL IMPERIALISMO!
VENCER O MORIR 
Fogoneros

 
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